Era yo apenas un niño me justaba jugar, reír, gritar, correr, comer dulces, volar... y por qué no decirlo hacer travesuras y uno que otro berrinche.
Desde que entre a la primaria conocí a un chaval con el que pasaba excelentes momentos, inventábamos historias fantásticas en el receso, podríamos ser reyes o leales caballeros, guardianes o raptores de princesas, podríamos hacer lo que nosotros quisiéramos, todo se podría lograr con el poder de nuestra imaginación, carritos y figuras de acción estaban de más pues podíamos imaginar cualquier cosa, lo único que no podíamos hacer era detener el tiempo, al tocar la campana debíamos regresar a clases, y a la tercera campanada debíamos de regresar a casa. Yo era uno de esos extraños niños que querían regresar a la escuela, pero no era por las clases sino por el increíble receso y mi extraordinario amigo. Y eso fue de todos los días de clases hasta que al regresar de unas vacaciones ya no lo encontré en el salón, pensé que lo habían cambiado de salón así que espere al receso para salir e ir al lugar donde jugábamos, pero tampoco llego. Al día siguiente en el receso fui a buscarlo en los otros salones pero no estaba... Regrese a nuestro lugar de juegos y empecé a soltar lágrimas, después de un rato mi profesora del año anterior fue a verme, y me pregunto que por qué estaba así, y yo conteste que aun no había encontrado a mi amigo, a Max, mi profesora suspiro, me abrazó y me dijo que Max ya no regresaría que se había cambiado de escuela, me dio un beso en la frente y se fue... En ese momento comprendí que ya no lo volvería a ver, pues no sabía nada más de él solo que le decían Max.
Se había ido mi mejor amigo y no me había dado oportunidad de despedirlo, y pues solo quería decirle "Adiós Max fuiste un gran compañero de aventuras, espero te vaya bien y nunca te olvidaré"
5/1/13
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